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Editorial

Los siete pecados capitales de la U

Por: Luis Carlos Rojas García – Escritor. Los veía uno con la ínfula al tope, creyéndose la reencarnación de los dioses del Olimpo, los hijos bastardos de Platón, las concubinas

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Por: Luis Carlos Rojas García – Escritor.

Los veía uno con la ínfula al tope, creyéndose la reencarnación de los dioses del Olimpo, los hijos bastardos de Platón, las concubinas de Sócrates, los hermanos bobos de Homero, los primos favoritos de Shakespeare o las mismísimas señoras tenebrosas de Allan Poe.

Los veía uno con la erudición en sus venas prometiendo más absurdos que los políticos. Eran todos ellos personajes tan arrogantes, llenos de secreticos varios y de una soberbia enferma que no les permitía ver que eran parte de la decadencia de la institución.

Los veía uno tirando piedra o rasgándose las vestiduras por la U; eran ellos los incitadores de unos y otros, los amos y señores de la lucha eterna, porque es bueno aclarar que esta gente siempre andaba en la lucha, pero, como buenos presidentes del embuste, utilizan a los otros para luchar.

Sin embargo, cuando les ofrecían un puestito de esos que no disgustan, quedaba en evidencia que su avaricia estaba por encima de sus ideales.

Los veía uno aprovechando el poder de las notas para satisfacer su lujuria, arreglando por debajo de cuerda el final del semestre. No era raro entonces escucharlas hablar de los manoseos, las insinuaciones y toda una serie de apología a la prostitución y el proxenetismo académico por parte de más de un abusivo de estos que sabían utilizar muy bien el 2.9 para alcanzar sus aberraciones.

Los veía uno totalmente iracundos cuando encontraban que algún estudiante estaba moviendo a las masas; de ahí el código este del que nadie habla, pero, que consistía en darle un puesto en algún rincón para callarlos. Cosa que, por lo visto funcionaba muy bien, porque después de un tiempo a esos jóvenes con ideales y más firmes como el concreto, se les podía encontrar mamando de la teta desangrada que antes gritaban a todo pulmón, defenderían a toda costa.

Los veía uno facturando más de la cuenta, publicando sus libros, aprovechando los viajes y demás, muchas veces sin el menor mérito. Sí, así los veía uno, con una gula desmedida capaz de devorar lo que fuese con tal de atiborrarse de todo aquello que serviría para la educación de quienes en verdad lo necesitaban.

Las veía uno llenas de envidia, acostándose con el uno y con el otro para obtener algún departamento, una secretaría y varias cositas del momento. Así eran, y siempre tenían la piedra lista para hacer que el otro tropezara y no se pudiese levantar.

Finalmente, los veía uno facturando en cargos invisibles en puesto invisibles que algún fulano se inventase para pagar o cobrar favores. Así los veía uno, durmiendo cómodos en sus escritorios, arrastrando los pies para no realizar su trabajo y llenos tanta desidia que daban asco.

Como sea, me refiero a los anteriores asuntos en pasado porque, a lo mejor estoy relatando la historia de una universidad que solo existe en mi imaginación. Sí, es una universidad fantasmagórica, ya que no creo que cosas como estas ocurran en nuestro amado país o lo que es peor, en nuestra amada región.

Sí, eso debe ser, yo no concibo una universidad del pueblo y para el pueblo filtrando nombres de estudiantes cual dictadura por error; yo no me imagino a una universidad del pueblo y para el pueblo cuyo pénsum incluya prácticas sexuales cual secta y en donde obligan a sus integrantes a todo tipo de vejámenes por aumentar un punto, una milésima o lo que se le parezca.

No, yo definitivamente no visualizo a una universidad del pueblo y para el pueblo en donde el soborno, el abuso de poder, la legalización de dineros, los códigos secretos para callarle la boca a unos y otros, la prostitución por conveniencia o las llamaditas con tono amenazante pueda llegar a existir.

 

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