Alexander Barragán Alfaro fue reconocido por La Nota Económica en la categoría Desarrollo Regional. En ceremonia realizada en el Hotel JW Marriott de Bogotá, Alexander Barragán Alfaro, director administrativo de Comfenalco Tolima, recibió el “Galardón a la Excelencia Empresarial | Primer Cuarto de Siglo” otorgado por La Nota Económica.
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Por: Oficina de prensa de Comfenalco Tolima. tolima7dias.com.co
El reconocimiento destaca a las 100 organizaciones que han impulsado el desarrollo empresarial del país en los últimos 25 años. En esta edición, Comfenalco Tolima fue premiada en la categoría Desarrollo Regional por su impacto en el tejido social y empresarial del Tolima.
Cifras que respaldan el reconocimiento:
- 12.300 empresas afiliadas y 274.000 afiliados entre trabajadores, pensionados e independientes.
- 159 mil millones de pesos en recaudo de aportes. Comfenalco Tolima representa el 69% de los aportes del departamento.
- Cierre 2025 con remanentes por 6.291 millones de pesos, 4.8% más que en 2024.
-1.722.931 usos de servicios, con cumplimiento del 108%.
- Más de 4.170 millones ejecutados en Foniñez: 1.000 niños en Primera Infancia y 6.000 en Jornada Escolar Complementaria.
-4.228 personas empleadas gracias a la Agencia de Empleo de la Caja.
“Este galardón es el resultado del trabajo de todo un equipo y de la confianza de 12.300 empresas. Seguiremos llevando desarrollo a cada rincón del Tolima”, afirmó Alexander Barragán Alfaro, al recibir el premio.
Con este reconocimiento, Comfenalco Tolima se consolida como referente nacional en gestión social y desarrollo regional.
Tolima7dias.com.co Sabe lo que dice
Por: Julio César Montañez Roa, Abogado, Docente y candidato a Doctor en Filosofía del Derecho. Columnista invitado. tolima7dias.com.co
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<<Ha citado usted a un gran filósofo», le dijo el presidente Abelardo De la Espriella al alcalde de Cúcuta, quien, acudiendo a Diomedes Díaz, le manifestó que los ciudadanos solo necesitan del gobierno seguridad, porque lo demás lo resuelven ellos. Algunos, incluidos ciertos medios de comunicación, reaccionaron con burlas ante la expresión del presidente: les pareció que sostener esto es propio de retrógrados, iletrados o ignorantes, como Diomedes, o de fachos paramilitares.
Yo, por el contrario, creo que el presidente, el alcalde de Cúcuta y Diomedes tienen la razón. Además, es lo que piden casi todos los campesinos, industriales y comerciantes trabajadores: no piden más.
El Estado y el Derecho fueron concebidos y creados no tanto con el propósito de hacer justicia como de brindar seguridad. Para Kant, el Estado de derecho es una necesidad a priori, producto de la razón, no porque en el estado de naturaleza sea imposible vivir con justicia, sino porque la institucionalidad y la ley proporcionan seguridad. Casi todos saben lo que es justo o injusto; sin embargo, muchos se abstienen de hacer el mal o de actuar injustamente por temor a la ley y a las instituciones, y no porque sean capaces de obedecer los dictados de su conciencia. Eso es seguridad.
Es decir, que el Estado y el Derecho, en el fondo, no brindan la definición de lo justo, sino la seguridad de que lo justo se cumpla. Diariamente, quienes se esfuerzan por estudiar, trabajar, hacer negocios, adquirir compromisos o desarrollar cualquier proyecto lo hacen porque tienen la certeza de que la institucionalidad protegerá sus derechos y hará respetar los frutos de su esfuerzo. Eso es seguridad.
Aún hoy, en pleno Estado social de derecho, autores como Robert Alexy sostienen que el Estado ideal es aquel que logra un equilibrio entre la seguridad y la justicia. Por su parte, Carlos Cossio elaboró una escala de valores políticos o jurídicos en la que, si bien el ideal supremo es la justicia, esta solo puede alcanzarse una vez se hayan realizado previamente los valores de la seguridad, el poder, la paz, la cooperación y la solidaridad. Ninguna sociedad podrá vivir en paz y, mucho menos, ser justa si antes no ha logrado establecer el orden, la seguridad y la paz. Así lo sostienen filósofos del derecho, y no únicamente los militares o los políticos de derecha. Eso es seguridad.
La conclusión anterior no implica desconocer que el ideal de la humanidad es la justicia. Tampoco supone defender la tesis de quienes sostienen que los seres humanos deben vivir únicamente de acuerdo con lo que sus deseos, capacidades y oportunidades les permitan, dejando que los débiles o los infortunados corran por su propia cuenta. No. Esa es una concepción que suele identificarse con un mal entendido libertarismo y que resulta incompatible con el reconocimiento de la dignidad inherente a todo ser humano.
Lo que aquí se sostiene parte de creer que los seres humanos son y deben ser libres; que la libertad encuentra su fundamento en la razón, siempre en armonía con la naturaleza; y que ambas exigen la vida en comunidad. Sin embargo, lo que hace posible una auténtica vida comunitaria entre seres humanos de pasiones, ambiciones y defectos es la seguridad que brindan el Estado y el Derecho.
Del mismo modo, no se desconoce que una sociedad justa debe garantizar, al menos, los derechos fundamentales de toda la población. No se discute que, en una sociedad ideal, todos deberían comprender objetivamente sus derechos y deberes, sin que nadie, incluido el Estado, tuviera que imponérselos por la fuerza. Sin embargo, para que ello sea posible, la sociedad debe haber alcanzado previamente un nivel de desarrollo cultural que hoy Colombia aún no posee.
El recto uso de la razón le indica a todo ser humano que debe procurar producir lo necesario para su subsistencia; pero ello exige educación, disciplina y trabajo. Como no todos alcanzan un nivel de formación que los conduzca a pensar y actuar de esa manera, resulta necesario que el Derecho establezca normas de obligatorio cumplimiento y que estas sean respaldadas por jueces, autoridades administrativas, fuerzas militares y cuerpos de policía. Eso es seguridad.
Sin seguridad, los campesinos no siembran, los industriales no producen, los comerciantes no venden, los estudiantes no estudian, entre muchas otras actividades esenciales. Incluso aquellos que, por la razón que sea -válida o no, no tienen garantizados sus derechos fundamentales, necesitan que la Constitución, las leyes, los jueces y las demás autoridades los hagan respetar y cumplir. Eso es seguridad.
Quienes más necesitan seguridad son los humildes. Las personas necesitadas que no comprenden o no aceptan la importancia de la seguridad dentro de una sociedad justa pueden terminar buscando soluciones a sus problemas en medio del caos. Sin embargo, paradójicamente, en el caos es decir, en la inseguridad quienes finalmente resultan más perjudicados son precisamente los necesitados y los débiles. Los fuertes, por el contrario, cuando se ven obligados a defenderse de una situación de inseguridad provocada por la ausencia del Estado o del Derecho, suelen imponerse porque cuentan con mayores recursos para organizar estructuras de poder o grupos de fuerza que les permitan proteger sus intereses.
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