La cuarta jornada de la Vuelta al Tolima, disputada este sábado y con final en el municipio de Murillo, redefinió la clasificación general femenina y redujo al mínimo la diferencia entre los líderes en la rama masculina, a falta del circuito de cierre que se correrá este domingo en Ibagué.
Por: Editor Región, Tolima7dias.com.co
La denominada “etapa reina”, por su exigencia en alta montaña, comenzó para las mujeres en el cruce de Armero Guayabal y concluyó en Murillo. Laura Roso, del equipo Sistecrédito, cruzó la meta con un tiempo de 2 horas, 54 minutos y 22 segundos. El resultado le permitió asumir el primer lugar de la clasificación general con una ventaja de dos minutos sobre su inmediata perseguidora, diferencia que la deja como campeona virtual antes de la última jornada.
“Me preparé mucho para esta competencia, yo soy de un clima frío y eso me ayudó; por momentos se me hizo eterno el recorrido”, afirmó Roso tras finalizar la etapa, en su primera participación en la carrera.
En la categoría masculina, el trayecto partió desde Ibagué y finalizó igualmente en Murillo. Óscar Garzón, del equipo GW ERCO, completó la ruta en 3 horas, 46 minutos y 35 segundos. Con ese registro ascendió al segundo lugar de la clasificación general y quedó a seis segundos del líder, lo que mantiene abierta la disputa por el título.
“Me he caído y ha sido muy competitivo. El Tolima tiene de todo para las emociones del ciclismo”, señaló Garzón, quien indicó que aprovechará la jornada previa al circuito para recuperarse físicamente y revisar algunas molestias.
La competencia concluirá este domingo con un circuito en Ibagué, donde se definirá el campeón en la rama masculina y se confirmará la clasificación final femenina.
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El Gobierno del Tolima logró reunir el folclor del fútbol, la pasión por los colores, la convivencia y las expresiones culturales en un encuentro que envía un mensaje de liderazgo y transformación para el país.
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Por: Editor General. tolima7dias.com.co
La tarde del viernes en Ibagué tuvo un protagonista inesperado: la cultura futbolera. El centro comercial La Estación se convirtió en el punto de encuentro de cientos de hinchas llegados desde diferentes regiones del país para participar en el Gran Encuentro Nacional de Murgas, una iniciativa que busca demostrar que el fútbol también puede ser un escenario de convivencia, respeto y construcción de ciudadanía.
Algunos llegaron en chivas, otros en buses, pero todos compartían la misma emoción por hacer parte de un evento sin precedentes. A su llegada fueron recibidos con muestras de la gastronomía y las tradiciones tolimenses, en un gesto que reflejó la hospitalidad de una región que decidió abrir sus puertas para reunir a quienes encuentran en el fútbol una expresión cultural y social.
“¿Ya fue por un guarito para refrescar la tarde y relajar el viaje?”, preguntó entre risas, con marcado acento paisa, un hincha del Medellín a uno de sus compañeros. Minutos después, ambos degustaban un aguardiente rosado en el stand de Tapa Roja. “Qué vaina pa’ buena”, comentó uno de ellos, sorprendido por el sabor de la bebida.
Mientras tanto, los tambores, platillos y bombos comenzaban a marcar el ritmo de la jornada. Antes incluso de iniciar la rueda de prensa, las murgas ya ofrecían una muestra de identidad, creatividad y pasión. Cada agrupación encontraba su espacio, afinaba instrumentos y compartía experiencias con barras de otros equipos.
“Tenemos que aportar a la sociedad. Llevamos nuestros colores a cada lugar que visitamos y buscamos hacerlo desde la cultura ciudadana”, expresó Juan David Montoya, integrante de la hinchada del Deportes Quindío.
El encuentro evidenciaba una realidad que pocas veces ocupa los titulares: la del barrismo social como herramienta de transformación. Más allá de las rivalidades deportivas, las delegaciones compartían un mismo propósito: demostrar que el respeto puede ser el lenguaje común de las tribunas.
“El barrismo muchas veces ha sido asociado únicamente con la violencia, pero espacios como este nos permiten mostrar otra cara. Entre todos tenemos la responsabilidad de representarnos de la mejor manera”, señaló Nicolás Moreno, integrante de una de las bandas del Deportivo Pereira.
Entre fotografías, música, gastronomía y conversaciones, el ambiente confirmaba que el fútbol también puede unir territorios y derribar estigmas. Era la antesala perfecta para la rueda de prensa que daría el pitazo inicial a Ritmo de Tribuna.
Sobre el escenario se encontraban los líderes de las murgas participantes. Uno de ellos dirigió una pregunta a la gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz: ¿por qué apostarle a este tipo de encuentros cuando históricamente han sido ignorados por muchos gobiernos?
La respuesta resumió el espíritu del evento.
“Yo creo en la paz con hechos y con realidades. Este encuentro es para decirle a toda Colombia que aquí creemos en la paz para todos los ciudadanos. Estamos dando la oportunidad para que, a través de la cultura, ustedes como murgas construyen convivencia pacífica en el territorio”, afirmó la mandataria.
Sus palabras reflejan una visión de liderazgo que entiende que la transformación social también se construye desde los escenarios culturales y ciudadanos. En tiempos donde el país reclama espacios de encuentro, el Tolima decidió enviar un mensaje claro: la paz no solo se firma, también se vive, se promueve y se fortalece desde iniciativas que acercan a las personas.
Al finalizar la jornada, cada delegación se dirigió a su hotel, no sin antes disfrutar de uno de los mayores orgullos gastronómicos de la región: la lechona tolimense. Entre bromas y degustaciones, los visitantes coincidieron en un aspecto fundamental de la receta tradicional: el secreto está, precisamente, en que no lleva arroz.
Con el fútbol como punto de encuentro, la música como lenguaje universal y la cultura como puente entre regiones, el Tolima se consolida como un territorio que lidera conversaciones necesarias para el país. A través de este encuentro, las murgas tienen la oportunidad de mostrar esa historia del barrismo social que pocas veces se cuenta: la de jóvenes que construyen comunidad, fortalecen la convivencia y demuestran que la pasión por unos colores también puede convertirse en una herramienta para la paz.
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