Desde este 9 y hasta el 15 de enero de 2026, empresas del Tolima podrán inscribirse en la tercera convocatoria de la Ruta de Internacionalización 2026, un programa que busca preparar a negocios del departamento para acceder a mercados internacionales, según informaron autoridades departamentales.
Por: Editor Región, Tolima7dias.com.co
La convocatoria está dirigida a empresarios con productos o servicios definidos y con capacidad de proyectarse fuera del país. El proceso contempla acompañamiento técnico, formación especializada y asesoría personalizada orientada a la exportación, con participación de la Gobernación del Tolima, la Alcaldía de Ibagué y ProColombia.
La secretaria de Desarrollo Económico del Tolima, Yolanda Nasayo Bravo, señaló que el programa está enfocado en empresas que buscan expandirse más allá del mercado nacional. “Si eres empresario tolimense y buscas adquirir conocimientos, herramientas y asesoría especializada para expandir tu negocio a mercados internacionales, esta es tu oportunidad”, afirmó.
Para postularse, los interesados deben cumplir requisitos específicos: contar con un producto o servicio con potencial de internacionalización, tener matrícula mercantil vigente, estar inscritos como responsables de IVA, disponer del RUT actualizado y contar con los permisos o certificaciones exigidas según el tipo de actividad económica.
Nasayo Bravo indicó que el proceso de inscripción se realizará de manera digital. “El enlace estará disponible en las redes sociales de la Secretaría de Desarrollo Económico del Tolima, donde se explica el paso a paso para participar en esta ruta”, precisó.
De acuerdo con la información oficial, la Ruta de Internacionalización 2026 tiene como objetivo fortalecer la competitividad de las empresas participantes y facilitar su ingreso sostenido a mercados externos mediante estrategias técnicas y comerciales.
El formulario de inscripción estará disponible en las redes sociales de las Secretarías de Desarrollo Económico del Tolima y de Ibagué y podrá diligenciarse hasta el 15 de enero de 2026 a las 11:59 de la noche.
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Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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Hay decisiones institucionales que no son simplemente discutibles: son conceptualmente problemáticas. La reciente condecoración con la Orden al Mérito “Policarpa Salavarrieta” a Agatha Ruiz de la Prada, promovida desde la Asamblea del Tolima, es una de ellas. Esta elección no solo es un desatino desde la perspectiva histórica y simbólica, sino que también revela una preocupante desconexión con la identidad y los valores que deberíamos enarbolar en nuestra región.
No se trata de cuestionar la trayectoria artística de la diseñadora ni su impacto en la cultura global. Su trabajo, sin duda, tiene un mérito en su campo. El punto es otro, y es más de fondo: el uso del símbolo. Policarpa Salavarrieta, "La Pola", no representa genéricamente “empoderamiento femenino” ni “éxito internacional” en un sentido comercial o frívolo. Policarpa Salavarrieta, la heroína tolimense, encarna una ruptura histórica con el orden monárquico, una apuesta radical por la soberanía, la libertad y la dignidad. Su vida fue una acción política que, incluso desde un oficio como la costura, se convirtió en insurgencia. Su sacrificio, su valentía y su compromiso con la causa independentista la erigen como un faro de resistencia y un modelo de civismo y patriotismo para Colombia.
Por eso, cuando una asamblea departamental, que debería ser la voz y el sentir de nuestro Tolima, decide otorgar una distinción con ese nombre bajo criterios como la visibilidad global o el éxito creativo, lo que hace no es exaltar a Policarpa, sino diluirla. Se desplaza el sentido del reconocimiento desde un eje ético-político, profundamente arraigado en la historia de nuestra nación y de nuestra región, hacia uno meramente simbólico y decorativo, desprovisto de su esencia revolucionaria. Es un vaciamiento del significado que minimiza la magnitud de su legado.
Y ahí es donde surge la incoherencia: se invoca a una figura que encarna la ruptura con las lógicas aristocráticas y coloniales para premiar trayectorias que se desarrollan —legítimamente, insisto— dentro de circuitos culturales que no cuestionan esas mismas lógicas, sino que conviven con ellas. ¿Qué mensaje estamos enviando a las nuevas generaciones cuando trivializamos la memoria de quienes dieron su vida por nuestra libertad? ¿Estamos acaso sugiriendo que el mérito de una heroína como La Pola es equiparable al éxito en el ámbito de la moda global, por más meritorio que este sea en su propio contexto?
Más que un homenaje, esto parece un uso instrumental de la memoria histórica. Y cuando las instituciones trivializan sus propios símbolos, lo que está en juego no es un nombre en una medalla, sino la coherencia misma del lenguaje público y, aún más grave, la comprensión de nuestra propia historia y de la herencia que debemos preservar. Es un acto que, lejos de enaltecer, desdibuja la importancia de figuras locales y nacionales que son el verdadero cimiento de nuestra identidad. ¿Acaso no existen en el Tolima mujeres, líderes sociales, artistas, científicas, empresarias, deportistas o activistas que, con su trabajo y dedicación, encarnan los valores de lucha, resiliencia y empoderamiento que Policarpa Salavarrieta representó y sigue representando para nuestra tierra? ¿No hay talentos locales y regionales cuya trayectoria merece ser visibilizada y exaltada con un reconocimiento que lleve el nombre de nuestra heroína tolimense?
Como activista y defensor de derechos humanos, creo firmemente en la importancia de mantener viva la memoria histórica y de reconocer a quienes, desde sus trincheras, contribuyen al progreso social y a la defensa de la dignidad. La Asamblea del Tolima tiene la oportunidad y el deber de promover a nuestros talentos, de visibilizar a nuestras figuras, y de fortalecer el sentido de pertenencia y orgullo por lo nuestro. Un reconocimiento como la Orden “Policarpa Salavarrieta” debería ser un tributo a quienes, con su vida y obra, reflejan el espíritu de La Pola: valentía, compromiso con la libertad, y amor inquebrantable por nuestra tierra. Es hora de volver la mirada hacia adentro, hacia el Tolima, y honrar a quienes verdaderamente merecen llevar el estandarte de nuestra heroína.
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