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Editorial

Cómo el ave fenix

Por: Luis Carlos Rubio Urrea Enclavado en la montaña, en un ramal de la cordillera oriental, en territorio de cuindes y cundayes, desdibujado en el mapa, cual fotografía descolorida, Cunday

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Por: Luis Carlos Rubio Urrea

Enclavado en la montaña, en un ramal de la cordillera oriental, en territorio de cuindes y cundayes, desdibujado en el mapa, cual fotografía descolorida, Cunday subsiste. El antiguo municipio, que pareció inspirar a Garcia Marquez para escribir 100 años de soledad, se resiste a morir, a desaparecer. Y pese a estar en el corazón de Colombia, a solo 100 kilómetros de la capital, permanece olvidado en medio del letargo de la tarde calurosa.

Cunday es un modesto municipio de gente sencilla, trabajadora y sociable, que se quedó anclado en el pasado. Pero ese estancamiento no ha logrado mermar la pujanza de sus ciudadanos, su talante, su espíritu luchador, herencia de sus antepasados pijaos. Los cundayenses jamás fueron revoltosos ni amotinados, sobrellevaron con estoica paciencia el inri o karma de la época de la violencia y su posterior estigma: región violenta.

Pero quienes nacimos y vivimos en “la tierra del Dios de la fuerza” que es como se traduce de la lengua indígena, el vocablo Cunday, sabemos que allí sus pobladores son gente pacífica, hospitalaria y amable. Más bien, los cundayenese hemos sido víctimas, discriminados y afectados por una barbarie que nos llegó por conducto de las luchas partidistas, el conflicto guerrillero, la corrupción y la politiquería. Cunday permanece olvidado, y ha subsistido desdeñado por los gamonales y caciques políticos, porque no tiene ni ha tenido un censo electoral numeroso, una gruesa cuota política. Porque los municipios que tienen más gente, no son vistos por estos nefastos adalides, como un capital humano, sino como un fortín o masa política. Eso ha ocurrido con Cunday, no tiene suficiente censo como para tomarlo como presa, pues diez mil o quince mil habitantes no es una cuota importante, para comprometerse a sacarlo de la ignominia. Por el contrario, es el típico municipio que se utiliza en comicios y luego se desdeña, se olvida, se desatiende. Y ello lo han consumado la mayoría de caudillos locales y regionales, de manera recurrente, hasta el cansancio. Ese cansancio que hoy experimenta el pueblo cundayense con su actual alcalde. Nunca antes los ciudadanos del oriente tolimense habían aunado esfuerzos para levantar su voz de protesta contra el abuso, la total ausencia de gestión, la abulia administrativa, y hasta la patanería del regente de gobierno local.

En efecto, el pasado 28 de febrero, el pueblo cundayense se reunió en el sector de la Virgen, salida hacia El Carmen de Apicalà, para bloquear la vía y reclamar el cumplimiento del mandato que el pueblo le confirió al señor LUIS GABRIEL PÈREZ RIVERA. Al hacerlo, la ciudadanía confió en que un hijo de Cunday traería el progreso y la concreción de las obras más apremiantes que la comunidad demandaba: recuperación de centros asistenciales, adecuación de instituciones educativas, mejoramiento de infraestructura y servicios públicos, y sobre todo la rehabilitación y restauración de vías terciarias y la gestión para el mejoramiento de las vías departamentales.

En lugar de obtener una respuesta asertiva, la comunidad del oriente tolimense siempre recibe de su mandatario local toda suerte de mentiras, rodeos, excusas, y hasta improperios. De hecho, frases como “cuente con eso”, “la semana entrante iniciamos”, “ya lo tenemos en la agenda”, son frases repetitivas que el enredador burgomaestre pronuncia a los grupos de líderes comunitarios que lo solicitan, también se volvió una frase lapidaria su excusa “el invierno más largo de la historia”, al punto que la ciudadanía cundayense lo ha bautizado con el remoquete del “pastorcito mentiroso”. Por sus reiterados engaños, que incluso han llegado al extremo de vincular casos de peleas de tragos con la legítima protesta de la comunidad.

Este alcalde también es muy amigo de tratar de engañar a propios y extraños a través del uso de las redes sociales, las cuales junto con un medio radial de comunicación asentado en Ibagué, son sus principales aliados para escupir sus ficciones. Y ante las críticas de sus conciudadanos, el dirigente responde incluso irrespetando a sus interlocutores, tratándolos con ofensas, en una red social que no es personal sino que ostenta la calidad de ser representativa de la municipalidad: la alcaldía municipal de Cunday.

La última arremetida del dirigente se conoció mediante un oficio donde su objetivo bélico fue el director del Hospital Local, el médico Heriberto Vasquez. Y casi al mismo tiempo su agresión se orientó contra el concejal William Escobar, acusándolo de perturbación del orden en el área circundante del parque principal, pese a que el citado concejal no se encontraba en el municipio cuando ocurrieron los hechos, que no consistieron en una perturbación sino más bien en el justo reclamo de los comerciantes ubicados en el entorno del parque principal de Cunday.

Tiempos aciagos vive Cunday, y por eso la gente levantó su voz de protesta legítima ante la ineptitud, abulia, desgreño de una administración que se maquilló de bata mesiánica, criticó duramente a sus antecedores y prometió rescatar y salvar a Cunday, pero en su lugar, lo acabó de hundir, dejándolo peor de lo que estaba. Una tragedia lenta, que los cundayenses deben superar y avanzar. Un municipio no insurrecto que se puso firme ante el abuso y descaro administrativo. Un pueblo que busca renacer.

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