Policía intervino tras riña en la zona céntrica del municipio
Un operativo de control realizado por la Policía en el municipio de Ataco, Tolima, dejó como resultado la captura de un hombre de 24 años y la incautación de dos armas —una de fuego tipo mini uzi y una traumática— en hechos que ocurrieron en la madrugada del lunes 28 de julio en el barrio Centro de esa localidad.
Por: Editor Región. Tolima7dias.com.co
Hacia las 2:00 a. m., uniformados del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) de la Estación de Policía Ataco fueron alertados por la comunidad sobre una riña entre varios sujetos presuntamente armados. Durante el incidente, un hombre de 27 años resultó herido con arma cortopunzante. La víctima fue remitida a un centro médico en Ibagué, donde permanece en recuperación.
En el lugar, los agentes no lograron ubicar al presunto agresor, pero capturaron en flagrancia a otro individuo que, según las autoridades, no estaría relacionado con la riña, pero portaba ilegalmente un arma de fuego mini uzi calibre 7.65 mm, con proveedor y ocho cartuchos. El capturado fue puesto a disposición de la Fiscalía 28 Seccional de Chaparral por el delito de fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego.
En el mismo sector, la Policía incautó además un arma traumática tipo pistola calibre 9 mm con proveedor y dos cartuchos de goma. Según informaron, el ciudadano que la portaba no contaba con la documentación exigida por el Decreto 2535 de 1993 y la Resolución 001 de 2025. El arma fue puesta a disposición del comando departamental.
Las autoridades reiteraron que los operativos de control y prevención continúan en diferentes municipios del Tolima, con el fin de contrarrestar delitos relacionados con armas y mejorar las condiciones de seguridad.
La Policía invita a la ciudadanía a reportar cualquier situación sospechosa a través de la línea 123 o a los patrulleros en campo.
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Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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Una noticia desgarra el tejido social de Ibagué y enciende todas las alarmas en el país: un joven ibaguereño de tan solo 28 años ha perdido la vida en el conflicto entre Rusia y Ucrania, víctima de un engaño brutal. Su historia no es la de un voluntario militar, sino la de una persona atraída por falsas promesas de trabajo en el extranjero, que terminó siendo forzada a la guerra, en lo que las autoridades ya confirman como un desgarrador caso de trata de personas.
La revelación, confirmada por la Secretaría del Interior del Tolima, destapa una cruel red que opera en Colombia, atrayendo a jóvenes con vulnerabilidades económicas hacia un destino fatal. Como ha señalado Ricardo Suárez, secretario del Interior, el joven fue "llevado con falsas expectativas de trabajo y terminó siendo utilizado en el conflicto armado sin ningún tipo de experiencia militar. Prácticamente fue usado como señuelo en combate". Esta descripción cruda pinta un panorama de explotación y deshumanización.
El modus operandi, denunciado por el funcionario, es aterradoramente claro: engaño con ofertas laborales inexistentes, traslado al extranjero, despojo de documentos y coacción para firmar contratos que los vinculan a operaciones bélicas. El joven de Ibagué, que viajó en noviembre, estuvo desaparecido por más de cuatro meses, una cruel antesala a la confirmación de su muerte. Su caso se suma a las advertencias que desde diciembre ya se venían emitiendo sobre estas prácticas, detectadas también en otros países de América Latina.
Este caso no es solo una tragedia individual; es un llamado urgente a la conciencia nacional sobre la persistencia y la evolución de la trata de personas. Este delito transnacional, que la Ley 985 de 2005 en Colombia define y sanciona, implica la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, recurriendo a la amenaza, el uso de la fuerza, el engaño o el abuso de poder, con fines de explotación. La explotación en este contexto, según el relato, se materializa en la utilización de individuos como carne de cañón en un conflicto ajeno, configurando una de las modalidades más extremas de este flagelo. El Código Penal colombiano (Ley 599 de 2000), en su Artículo 188A, sanciona específicamente la trata de personas con penas privativas de la libertad, las cuales aumentan si la víctima es menor de edad, si se somete a trabajos forzados o si se explota en conflictos armados.
Las autoridades, con la Gobernación del Tolima gestionando la repatriación del cuerpo ante la Cancillería, insisten en la imperiosa necesidad de desconfiar de ofertas laborales internacionales que carezcan de la verificación oficial. La urgencia radica en la protección de nuestros jóvenes, quienes, en su legítima búsqueda de oportunidades, no deben convertirse en presas de redes criminales que los arrojan a la guerra y la muerte.
La sociedad colombiana tiene el deber de reaccionar con contundencia. Este trágico desenlace exige no solo la investigación exhaustiva para desmantelar estas redes de trata y llevar a sus responsables ante la justicia, sino también la implementación de campañas preventivas robustas y accesibles. Es imperativo que cada ciudadano conozca los riesgos y los mecanismos para verificar ofertas, protegiendo así la vida y la dignidad de quienes, en su vulnerabilidad, son el blanco de estos crímenes de lesa humanidad. La Corte Constitucional, en su rol de garante de los derechos fundamentales, ha reiterado la obligación del Estado de proteger a los ciudadanos de este tipo de vulneraciones, tal como se desprende de la protección integral al derecho a la vida y a la integridad personal. El Decreto 1066 de 2015, que compila el sector de la Presidencia de la República, incluye lineamientos para la política pública en materia de trata de personas, exigiendo acciones coordinadas interinstitucionalmente para la prevención, protección y atención de víctimas. Que la memoria de este joven ibaguereño sea un impulso inquebrantable para proteger a todos aquellos que podrían convertirse en la próxima víctima.
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