El Acuerdo 05 del 28 de febrero, aprobado por el Concejo de Cajamarca y sancionado por el alcalde Camilo Valencia, no fue remitido al Tribunal Administrativo del Tolima, según confirmó la gobernadora Adriana Magali Matiz. La decisión, tomada antes del vencimiento del plazo legal el pasado 15 de abril, responde a un criterio jurídico y a la posición del Gobierno departamental frente a temas ambientales.
Por: Editor Región, Tolima7dias.com.co
Durante una rueda de prensa, la mandataria indicó que la determinación ya estaba definida antes de que expirara el término para enviar el documento a revisión. “Desde la Gobernación del Tolima se tomó la decisión de no remitir ese acuerdo al Tribunal, de acuerdo con el análisis jurídico y la postura frente al tema ambiental”, afirmó.
El pronunciamiento surge luego de versiones que señalaban que el acuerdo había sido enviado al alto tribunal. La Gobernación aclaró que esto no ocurrió y reiteró que el plazo legal concluyó sin que se hiciera dicho trámite.
El Acuerdo 05 está relacionado con decisiones adoptadas en el municipio de Cajamarca, en un contexto de debate sobre actividades extractivas y su impacto en el territorio. En ese sentido, la gobernadora también se refirió al tema a través de su cuenta en la red social X, donde señaló que ha actuado “con respeto por la Constitución, la ley y la autonomía ciudadana frente a decisiones tomadas en el territorio”.
En su mensaje, agregó que la minería, cuando se desarrolla dentro del marco legal y con control ambiental, puede generar empleo e ingresos, pero advirtió que en condiciones ilegales representa riesgos para los ecosistemas y fuentes hídricas. Asimismo, indicó que las autoridades pueden solicitar actuaciones ante instancias competentes cuando se considere necesario cerrar jurídicamente este tipo de discusiones.
El caso de Cajamarca, vinculado a la extracción de oro, continúa generando posiciones encontradas en distintos sectores.
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El Gobierno del Tolima logró reunir el folclor del fútbol, la pasión por los colores, la convivencia y las expresiones culturales en un encuentro que envía un mensaje de liderazgo y transformación para el país.
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Por: Editor General. tolima7dias.com.co
La tarde del viernes en Ibagué tuvo un protagonista inesperado: la cultura futbolera. El centro comercial La Estación se convirtió en el punto de encuentro de cientos de hinchas llegados desde diferentes regiones del país para participar en el Gran Encuentro Nacional de Murgas, una iniciativa que busca demostrar que el fútbol también puede ser un escenario de convivencia, respeto y construcción de ciudadanía.
Algunos llegaron en chivas, otros en buses, pero todos compartían la misma emoción por hacer parte de un evento sin precedentes. A su llegada fueron recibidos con muestras de la gastronomía y las tradiciones tolimenses, en un gesto que reflejó la hospitalidad de una región que decidió abrir sus puertas para reunir a quienes encuentran en el fútbol una expresión cultural y social.
“¿Ya fue por un guarito para refrescar la tarde y relajar el viaje?”, preguntó entre risas, con marcado acento paisa, un hincha del Medellín a uno de sus compañeros. Minutos después, ambos degustaban un aguardiente rosado en el stand de Tapa Roja. “Qué vaina pa’ buena”, comentó uno de ellos, sorprendido por el sabor de la bebida.
Mientras tanto, los tambores, platillos y bombos comenzaban a marcar el ritmo de la jornada. Antes incluso de iniciar la rueda de prensa, las murgas ya ofrecían una muestra de identidad, creatividad y pasión. Cada agrupación encontraba su espacio, afinaba instrumentos y compartía experiencias con barras de otros equipos.
“Tenemos que aportar a la sociedad. Llevamos nuestros colores a cada lugar que visitamos y buscamos hacerlo desde la cultura ciudadana”, expresó Juan David Montoya, integrante de la hinchada del Deportes Quindío.
El encuentro evidenciaba una realidad que pocas veces ocupa los titulares: la del barrismo social como herramienta de transformación. Más allá de las rivalidades deportivas, las delegaciones compartían un mismo propósito: demostrar que el respeto puede ser el lenguaje común de las tribunas.
“El barrismo muchas veces ha sido asociado únicamente con la violencia, pero espacios como este nos permiten mostrar otra cara. Entre todos tenemos la responsabilidad de representarnos de la mejor manera”, señaló Nicolás Moreno, integrante de una de las bandas del Deportivo Pereira.
Entre fotografías, música, gastronomía y conversaciones, el ambiente confirmaba que el fútbol también puede unir territorios y derribar estigmas. Era la antesala perfecta para la rueda de prensa que daría el pitazo inicial a Ritmo de Tribuna.
Sobre el escenario se encontraban los líderes de las murgas participantes. Uno de ellos dirigió una pregunta a la gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz: ¿por qué apostarle a este tipo de encuentros cuando históricamente han sido ignorados por muchos gobiernos?
La respuesta resumió el espíritu del evento.
“Yo creo en la paz con hechos y con realidades. Este encuentro es para decirle a toda Colombia que aquí creemos en la paz para todos los ciudadanos. Estamos dando la oportunidad para que, a través de la cultura, ustedes como murgas construyen convivencia pacífica en el territorio”, afirmó la mandataria.
Sus palabras reflejan una visión de liderazgo que entiende que la transformación social también se construye desde los escenarios culturales y ciudadanos. En tiempos donde el país reclama espacios de encuentro, el Tolima decidió enviar un mensaje claro: la paz no solo se firma, también se vive, se promueve y se fortalece desde iniciativas que acercan a las personas.
Al finalizar la jornada, cada delegación se dirigió a su hotel, no sin antes disfrutar de uno de los mayores orgullos gastronómicos de la región: la lechona tolimense. Entre bromas y degustaciones, los visitantes coincidieron en un aspecto fundamental de la receta tradicional: el secreto está, precisamente, en que no lleva arroz.
Con el fútbol como punto de encuentro, la música como lenguaje universal y la cultura como puente entre regiones, el Tolima se consolida como un territorio que lidera conversaciones necesarias para el país. A través de este encuentro, las murgas tienen la oportunidad de mostrar esa historia del barrismo social que pocas veces se cuenta: la de jóvenes que construyen comunidad, fortalecen la convivencia y demuestran que la pasión por unos colores también puede convertirse en una herramienta para la paz.
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