Más de 1.500 uniformados de la Policía Nacional y del Ejército serán desplegados este domingo 8 de marzo en Ibagué y su área metropolitana para custodiar la jornada de elecciones al Congreso de la República. El dispositivo cubrirá los 123 puestos de votación habilitados en el territorio, con presencia antes, durante y después de los comicios.
Por: Editor Región, Tolima7dias.com.co
El plan de seguridad incluye vigilancia permanente, controles preventivos y capacidad de reacción ante cualquier situación que pueda afectar el orden público durante la jornada democrática. De los 123 puestos de votación, 84 estarán ubicados en la zona urbana y 39 en la zona rural.
Las autoridades indicaron que el operativo contará además con el apoyo de escuelas de formación cercanas a la capital del Tolima, con el fin de ampliar la presencia de uniformados en los puntos de mayor afluencia de votantes.
Las medidas adoptadas hacen parte del seguimiento al proceso electoral y se articulan con las disposiciones establecidas por el Gobierno Nacional a través del Decreto 188 del 27 de febrero de 2026.
Entre las restricciones previstas se encuentra la aplicación de la llamada “ley seca”, que prohíbe la venta y el consumo de bebidas alcohólicas desde las 6:00 p.m. del sábado 7 de marzo hasta las 12:00 del mediodía del lunes 9 de marzo.
“Reafirmamos nuestro compromiso con la democracia e invitamos a la ciudadanía a participar de manera tranquila y responsable, denunciando cualquier irregularidad a través de la línea 123 o por medio de los canales institucionales”, señaló el coronel Edgar Fernando López González, comandante de la Policía Metropolitana de Ibagué.
Las autoridades reiteraron que durante la jornada electoral se mantendrán operativos de control y monitoreo en distintos puntos de la ciudad y en los municipios del área metropolitana.
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El Gobierno del Tolima logró reunir el folclor del fútbol, la pasión por los colores, la convivencia y las expresiones culturales en un encuentro que envía un mensaje de liderazgo y transformación para el país.
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Por: Editor General. tolima7dias.com.co
La tarde del viernes en Ibagué tuvo un protagonista inesperado: la cultura futbolera. El centro comercial La Estación se convirtió en el punto de encuentro de cientos de hinchas llegados desde diferentes regiones del país para participar en el Gran Encuentro Nacional de Murgas, una iniciativa que busca demostrar que el fútbol también puede ser un escenario de convivencia, respeto y construcción de ciudadanía.
Algunos llegaron en chivas, otros en buses, pero todos compartían la misma emoción por hacer parte de un evento sin precedentes. A su llegada fueron recibidos con muestras de la gastronomía y las tradiciones tolimenses, en un gesto que reflejó la hospitalidad de una región que decidió abrir sus puertas para reunir a quienes encuentran en el fútbol una expresión cultural y social.
“¿Ya fue por un guarito para refrescar la tarde y relajar el viaje?”, preguntó entre risas, con marcado acento paisa, un hincha del Medellín a uno de sus compañeros. Minutos después, ambos degustaban un aguardiente rosado en el stand de Tapa Roja. “Qué vaina pa’ buena”, comentó uno de ellos, sorprendido por el sabor de la bebida.
Mientras tanto, los tambores, platillos y bombos comenzaban a marcar el ritmo de la jornada. Antes incluso de iniciar la rueda de prensa, las murgas ya ofrecían una muestra de identidad, creatividad y pasión. Cada agrupación encontraba su espacio, afinaba instrumentos y compartía experiencias con barras de otros equipos.
“Tenemos que aportar a la sociedad. Llevamos nuestros colores a cada lugar que visitamos y buscamos hacerlo desde la cultura ciudadana”, expresó Juan David Montoya, integrante de la hinchada del Deportes Quindío.
El encuentro evidenciaba una realidad que pocas veces ocupa los titulares: la del barrismo social como herramienta de transformación. Más allá de las rivalidades deportivas, las delegaciones compartían un mismo propósito: demostrar que el respeto puede ser el lenguaje común de las tribunas.
“El barrismo muchas veces ha sido asociado únicamente con la violencia, pero espacios como este nos permiten mostrar otra cara. Entre todos tenemos la responsabilidad de representarnos de la mejor manera”, señaló Nicolás Moreno, integrante de una de las bandas del Deportivo Pereira.
Entre fotografías, música, gastronomía y conversaciones, el ambiente confirmaba que el fútbol también puede unir territorios y derribar estigmas. Era la antesala perfecta para la rueda de prensa que daría el pitazo inicial a Ritmo de Tribuna.
Sobre el escenario se encontraban los líderes de las murgas participantes. Uno de ellos dirigió una pregunta a la gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz: ¿por qué apostarle a este tipo de encuentros cuando históricamente han sido ignorados por muchos gobiernos?
La respuesta resumió el espíritu del evento.
“Yo creo en la paz con hechos y con realidades. Este encuentro es para decirle a toda Colombia que aquí creemos en la paz para todos los ciudadanos. Estamos dando la oportunidad para que, a través de la cultura, ustedes como murgas construyen convivencia pacífica en el territorio”, afirmó la mandataria.
Sus palabras reflejan una visión de liderazgo que entiende que la transformación social también se construye desde los escenarios culturales y ciudadanos. En tiempos donde el país reclama espacios de encuentro, el Tolima decidió enviar un mensaje claro: la paz no solo se firma, también se vive, se promueve y se fortalece desde iniciativas que acercan a las personas.
Al finalizar la jornada, cada delegación se dirigió a su hotel, no sin antes disfrutar de uno de los mayores orgullos gastronómicos de la región: la lechona tolimense. Entre bromas y degustaciones, los visitantes coincidieron en un aspecto fundamental de la receta tradicional: el secreto está, precisamente, en que no lleva arroz.
Con el fútbol como punto de encuentro, la música como lenguaje universal y la cultura como puente entre regiones, el Tolima se consolida como un territorio que lidera conversaciones necesarias para el país. A través de este encuentro, las murgas tienen la oportunidad de mostrar esa historia del barrismo social que pocas veces se cuenta: la de jóvenes que construyen comunidad, fortalecen la convivencia y demuestran que la pasión por unos colores también puede convertirse en una herramienta para la paz.
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