Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
Advertencia: los comentarios escritos a continuación son responsabilidad única y exclusiva de su autor, y en nada compromete a este medio de comunicación digital.
La base de la seguridad: La enseñanza de Freud sobre la protección en la infancia..
Una de las afirmaciones más profundas y vigentes del psicoanálisis ha marcado la forma en que entendemos el desarrollo humano desde sus inicios: Sigmund Freud expresó que “No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre”. Esta frase, extraída de sus reflexiones sobre el comportamiento y la formación de la personalidad, nos invita a mirar más allá de lo evidente y comprender que los primeros años de vida no son solo una etapa de crecimiento físico, sino el momento en el que se construyen los cimientos de lo que seremos como personas.
Para el padre del psicoanálisis, el ser humano llega al mundo en un estado de absoluta indefensión, una condición que él describió como Hilflosigkeit. A diferencia de muchas otras especies, el niño no puede valerse por sí mismo durante largos años: necesita ser alimentado, cuidado y acompañado para sobrevivir. Pero esta vulnerabilidad no es solo física; también es emocional y psíquica. El entorno que lo rodea resulta desconocido, y para él representa un espacio lleno de incertidumbres y riesgos. Es ahí donde la figura de referencia, que Freud sitúa en el rol paterno, adquiere un valor decisivo.
Más allá del cuidado físico: una protección emocional
Cuando hablamos de la protección que menciona Freud, no nos referimos únicamente a garantizar alimento, vivienda o abrigo. Se trata, sobre todo, de un sostén afectivo y emocional que le da al niño la seguridad necesaria para sentirse acompañado. Esa presencia constante y confiable hace que el mundo deje de percibirse como una amenaza y comience a verse como un espacio que se puede explorar con confianza.
Esta función protectora cumple un papel fundamental: permite que el menor desarrolle lo que se conoce como “confianza básica”. Cuando el niño sabe que tiene a alguien que lo resguarda, lo comprende y lo apoya, construye una sensación de estabilidad interna que lo acompañará durante toda su vida. Esa seguridad no lo limita, al contrario: le da la fuerza para aventurarse, aprender cosas nuevas, relacionarse con los demás y enfrentar los retos que se le presenten. La protección, según esta visión, no es una barrera que impide crecer, sino el pilar que hace posible que el crecimiento se dé de manera sana y equilibrada.
Lo que sucede cuando esta necesidad no se cubre
Freud también reflexionó sobre las consecuencias cuando no se satisface esta exigencia tan importante. La falta de protección, la ausencia de figuras de referencia o la inestabilidad en los vínculos tempranos dejan huellas que pueden manifestarse en la vida adulta. Quien no recibió este sostén en la infancia suele desarrollar dificultades para confiar en los demás, miedos desproporcionados, inseguridades constantes o problemas para establecer relaciones estables y sanas.
Estas carencias no se olvidan con el paso del tiempo; se convierten en patrones de comportamiento que influyen en la forma en que cada persona se relaciona consigo misma y con el mundo. Por eso, la protección paterna no es un asunto que importe solo en la infancia, sino que tiene una repercusión duradera en el equilibrio emocional y en la calidad de vida de cada individuo.
Un concepto que evoluciona con el tiempo
Hoy en día, esta afirmación sigue teniendo toda su vigencia, aunque hoy entendemos que la protección y el acompañamiento no se limitan a una sola figura o a un solo rol. El concepto se ha ampliado para reconocer que pueden ser las madres, los abuelos, los cuidadores o cualquier persona que cumpla la función de referencia y resguardo. Lo que sigue siendo válido es la idea central: durante los primeros años, la necesidad de sentir que se está protegido y respaldado es más fuerte que cualquier otra necesidad, y es la base sobre la que se construye el desarrollo integral de la persona.
La enseñanza de Freud nos recuerda que la crianza y el cuidado son tareas de gran responsabilidad. No se trata solo de dar lo necesario para que el niño sobreviva, sino de brindarle el sostén emocional que le permita sentirse seguro, valorado y capaz de crecer. Es un recordatorio de que lo que hacemos en los primeros años de vida es una inversión para el futuro, que forma personas más fuertes, más seguras y más capaces de construir relaciones sanas y una vida plena.
Como siempre digo, comprender cómo funciona nuestra mente y nuestro desarrollo nos ayuda a entender mejor quiénes somos y cómo podemos crecer. La lección que nos dejó Freud sigue siendo una guía valiosa para entender la importancia de los vínculos afectivos y el cuidado en las primeras etapas de la vida.
Seguiremos compartiendo conocimientos que nos ayuden a comprender mejor el ser humano y su camino de crecimiento. Aquí estaremos para analizar juntos temas que nos ayuden a vivir con más plenitud y entendimiento.
Hasta la próxima, amigos. El respeto por las necesidades de cada etapa de la vida es la mejor forma de cuidar de nosotros mismos y de quienes nos rodean.
Michael Steven Mejia Ospina
Tu columnista amigo
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Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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Justicia pide confirmar condena contra exdirectivos de la Universidad de Medellín, por casos de títulos supuestamente falsos
Un proceso judicial que ha llamado la atención por involucrar a directivos de una de las instituciones educativas más reconocidas del país llega a una etapa clave: la Procuraduría General de la Nación y la Fiscalía General de la Nación han solicitado a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia que se mantenga en firme la condena impuesta a dos exfuncionarios de la Universidad de Medellín. Se trata de Felipe Hernández, quien se desempeñaba como exsubsecretario académico, y Yolanda Cossio Rincón, quien ejercía como exsecretaria y exjefa del programa de Derecho de la universidad. La solicitud se enmarca dentro de una investigación que tiene como centro el otorgamiento de títulos supuestamente falsos, un asunto que además está vinculado al caso del excongresista Julián Bedoya.
Esta situación pone de manifiesto la importancia de garantizar la transparencia, la calidad y la legalidad en las instituciones de educación superior, espacios que tienen como función principal formar a los ciudadanos con conocimientos válidos y reconocidos, y que por ello deben actuar bajo estrictas normas y principios éticos.
¿De qué trata el caso?
Los hechos que se investigan giran en torno a la expedición de títulos profesionales y académicos que, según las pruebas recabadas por las autoridades, no cumplían con los requisitos legales ni con los estándares que exige la normativa vigente. Los procesos de condena que se han presentado buscan establecer la responsabilidad de los exdirectivos por su participación en estos hechos, en un caso que se entrelaza con la situación judicial que afecta al excongresista Julián Bedoya, quien también está vinculado a la presunta obtención de calificaciones y títulos de manera irregular.
Las solicitudes que han presentado la Procuraduría y la Fiscalía buscan que la sentencia dictada en primera instancia se mantenga, confirmando así las responsabilidades que se han determinado y asegurando que se cumplan las sanciones correspondientes. Para las entidades encargadas de administrar justicia y de vigilar el cumplimiento de las normas, esta es una medida necesaria para preservar la credibilidad del sistema educativo y para hacer respetar las leyes que rigen el funcionamiento de las universidades y otras instituciones de formación.
El rol de las autoridades y la importancia del proceso
La Procuraduría, como entidad encargada de vigilar el comportamiento de los funcionarios públicos y el cumplimiento de la legalidad en la administración, y la Fiscalía, como institución que investiga y juzga los delitos, han trabajado de manera conjunta para recopilar las pruebas y demostrar la responsabilidad de los involucrados. Su solicitud ante la Sala de Casación responde a la necesidad de que no existan vacíos en la aplicación de la ley, y de que quienes ocupan cargos de dirección y responsabilidad en las universidades asuman las consecuencias de sus actos cuando estos afectan el funcionamiento normal de la institución y la confianza de la sociedad.
Las universidades son espacios de formación y de construcción de conocimiento, por lo que cualquier irregularidad en sus procesos no solo afecta la imagen de la institución, sino que también puede tener consecuencias para quienes reciben sus títulos y para la calidad de la educación que se ofrece. Por eso, las investigaciones y los procesos judiciales en estos casos son fundamentales para garantizar que se mantengan los estándares de calidad y que se respete el derecho de todas las personas a obtener títulos válidos y reconocidos.
El camino hacia la definición del caso
Ahora corresponde a la Sala de Casación Penal analizar los argumentos presentados por las entidades, revisar las pruebas aportadas y tomar una decisión definitiva sobre si se confirma o no la condena. Este es un paso más dentro del proceso judicial, que seguirá su curso conforme a las normas legales que rigen la administración de justicia en el país.
Es importante recordar que, en todo proceso judicial, se respetan los derechos de las personas involucradas, y que la decisión final se adoptará sobre la base de las pruebas y los argumentos que se presenten. Lo que sí queda claro es que las autoridades han considerado que existen elementos suficientes para exigir el cumplimiento de las responsabilidades establecidas, en un asunto que afecta directamente la integridad y el funcionamiento de la educación superior en Colombia.
Una lección para toda la comunidad educativa
Este hecho nos deja una enseñanza muy valiosa: las instituciones de educación superior tienen la obligación de actuar con total transparencia, responsabilidad y apego a la ley. Los cargos de dirección y administración conllevan una gran responsabilidad, y quienes los ocupan deben garantizar que todos los procesos se realicen de manera correcta, para que la educación siga siendo un instrumento de desarrollo, de progreso y de confianza para todos los ciudadanos.
Como siempre digo, la justicia avanza paso a paso, y cada proceso que se resuelve contribuye a fortalecer el Estado de derecho y a garantizar que se cumplan las normas que nos rigen a todos. Seguiremos pendientes de cómo se desarrolla este asunto y de las decisiones que se tomen, manteniendo la información clara y veraz para que la ciudadanía conozca los hechos y sus consecuencias.
Hasta la próxima, amigos. El respeto por la ley y por los principios éticos es lo que permite que nuestras instituciones funcionen correctamente y que construyamos un país más justo y ordenado.
Michael Steven Mejia Ospina
Tu columnista amigo
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