Una serie de ferias y eventos rurales se desarrollará entre mayo y julio de 2026 en Ibagué, con el objetivo de dinamizar la comercialización de productos agrícolas, atraer visitantes y generar un impacto económico que, según estimaciones, superaría los $1.000 millones.
Por: Editor Región, Tolima7dias.com.co
La agenda comenzará el 22 de mayo con la Feria de la Miel en el Parque Murillo Toro, donde se prevé la participación de cerca de 40 productores locales y regionales. Luego, del 1 al 6 de junio, se llevará a cabo la Semana Campesina, que espera reunir a unas 5.000 personas, con actividades deportivas, reconocimientos a líderes rurales y una programación cultural de cierre.
Entre las actividades anunciadas se incluyen una carrera urbana con enfoque campesino, jornadas deportivas continuas, entrega de insumos como botas de caucho y eventos culturales dirigidos al público general.
A finales de junio o inicios de julio está prevista la Feria Agroindustrial en el Coliseo de Ferias, con la participación de alrededor de 70 emprendedores del sector rural. En su edición anterior, este espacio reportó ventas superiores a los $200 millones.
Otro de los eventos programados es el Ibagué Café Festival, que se realizará del 17 al 19 de julio en la Plaza de Bolívar. La feria contará con cerca de 100 stands, de los cuales la mayoría estarán destinados a productores locales, además de la participación de delegaciones internacionales y representantes de distintas regiones del país. Se espera superar los 32.000 visitantes registrados el año pasado.
En paralelo, el Concurso de Microlotes prevé reunir más de 100 muestras de café. En la edición anterior, varios de los lotes seleccionados lograron llegar a mercados internacionales. Actualmente, el área cultivada de café en la región supera las 9.000 hectáreas y la cosecha en curso podría generar ingresos cercanos a los $200.000 millones.
La programación también incluye el Chocofest, enfocado en el fortalecimiento del sector cacaotero. Este evento contempla la entrega de kits productivos y el impulso a asociaciones rurales en sectores como Sinaí, La Flor, San Bernardo y Carrizales, además de iniciativas para la transformación del cacao y su comercialización con valor agregado.
Los eventos estarán abiertos al público y buscan conectar directamente a productores con consumidores, en un contexto de crecimiento de la producción agrícola local y expansión de mercados.
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Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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La reciente captura de 11 integrantes de la banda 'Los Búhos', señalados de microtráfico en el parque Andrés López de Galarza de Ibagué, representa un golpe significativo contra la criminalidad que azota a la capital tolimense. Este operativo, que culminó con múltiples allanamientos y la judicialización de los responsables, entre ellos alias "Pantera", presunto coordinador de la red, pone de manifiesto la compleja problemática del microtráfico que, día y noche, corroe el tejido social de nuestros barrios y parques.
El modus operandi de 'Los Búhos', que comercializaban estupefacientes a la vista de todos en un espacio público tan concurrido como el parque Galarza, evidencia la audacia y la impunidad con la que operan estas estructuras criminales. La venta de marihuana, bazuco y cocaína en pequeñas dosis y a precios "accesibles" no solo facilita el acceso a las drogas, sino que engancha a nuevos consumidores, alimentando un ciclo pernicioso que destruye vidas y familias. Esta situación, además de ser un flagelo para la salud pública, vulnera el derecho a la seguridad y a un ambiente sano, principios fundamentales consagrados en nuestra Constitución Política.
Como defensor de Derechos Humanos y miembro de Amnistía Internacional, he constatado cómo el microtráfico no es un delito aislado; es un catalizador de otras formas de violencia y criminalidad. La presencia de estas redes genera inseguridad, propicia la comisión de hurtos y extorsiones, y, en última instancia, socava la confianza de la ciudadanía en las instituciones. La degradación de los espacios públicos, como parques y zonas recreativas, se convierte en un síntoma visible de la penetración del crimen organizado en la vida cotidiana de nuestras comunidades.
La acción de las autoridades, al desmantelar esta red, es un paso crucial para recuperar la tranquilidad y el orden en Ibagué. Las 10 diligencias de registro y allanamiento realizadas en diversos barrios de la ciudad, así como la identificación de roles definidos para la venta y vigilancia dentro de la estructura, demuestran la complejidad y la planificación detrás de estas operaciones ilícitas. La medida de aseguramiento en centro carcelario para los capturados, ordenada por un juez, es una señal clara de la voluntad de la justicia para combatir este flagelo.
Sin embargo, la lucha contra el microtráfico no puede limitarse a la captura de sus operadores. Es indispensable abordar las causas estructurales que facilitan su proliferación. La falta de oportunidades laborales, la exclusión social, la desintegración familiar y la ausencia de espacios de recreación y cultura para los jóvenes, son factores que a menudo son explotados por estas redes para reclutar a sus miembros y expandir su mercado.
Es fundamental que, de manera simultánea a las acciones policiales y judiciales, se implementen políticas públicas integrales que fortalezcan el tejido social, promuevan la educación y el empleo, y brinden alternativas a la población más vulnerable. La prevención del consumo de drogas, a través de programas educativos y de sensibilización, es tan importante como la represión del delito.
Este golpe a 'Los Búhos' es un llamado de atención. Nos recuerda que la seguridad es una responsabilidad compartida entre el Estado y la ciudadanía. La denuncia oportuna, la participación comunitaria y la exigencia de transparencia y eficacia a nuestras instituciones son herramientas poderosas para construir una sociedad más justa y segura. La recuperación de los espacios públicos, como el parque Galarza, no es solo un asunto de seguridad, sino de dignidad y convivencia.
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