Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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La reciente captura de 11 integrantes de la banda 'Los Búhos', señalados de microtráfico en el parque Andrés López de Galarza de Ibagué, representa un golpe significativo contra la criminalidad que azota a la capital tolimense. Este operativo, que culminó con múltiples allanamientos y la judicialización de los responsables, entre ellos alias "Pantera", presunto coordinador de la red, pone de manifiesto la compleja problemática del microtráfico que, día y noche, corroe el tejido social de nuestros barrios y parques.
El modus operandi de 'Los Búhos', que comercializaban estupefacientes a la vista de todos en un espacio público tan concurrido como el parque Galarza, evidencia la audacia y la impunidad con la que operan estas estructuras criminales. La venta de marihuana, bazuco y cocaína en pequeñas dosis y a precios "accesibles" no solo facilita el acceso a las drogas, sino que engancha a nuevos consumidores, alimentando un ciclo pernicioso que destruye vidas y familias. Esta situación, además de ser un flagelo para la salud pública, vulnera el derecho a la seguridad y a un ambiente sano, principios fundamentales consagrados en nuestra Constitución Política.
Como defensor de Derechos Humanos y miembro de Amnistía Internacional, he constatado cómo el microtráfico no es un delito aislado; es un catalizador de otras formas de violencia y criminalidad. La presencia de estas redes genera inseguridad, propicia la comisión de hurtos y extorsiones, y, en última instancia, socava la confianza de la ciudadanía en las instituciones. La degradación de los espacios públicos, como parques y zonas recreativas, se convierte en un síntoma visible de la penetración del crimen organizado en la vida cotidiana de nuestras comunidades.
La acción de las autoridades, al desmantelar esta red, es un paso crucial para recuperar la tranquilidad y el orden en Ibagué. Las 10 diligencias de registro y allanamiento realizadas en diversos barrios de la ciudad, así como la identificación de roles definidos para la venta y vigilancia dentro de la estructura, demuestran la complejidad y la planificación detrás de estas operaciones ilícitas. La medida de aseguramiento en centro carcelario para los capturados, ordenada por un juez, es una señal clara de la voluntad de la justicia para combatir este flagelo.
Sin embargo, la lucha contra el microtráfico no puede limitarse a la captura de sus operadores. Es indispensable abordar las causas estructurales que facilitan su proliferación. La falta de oportunidades laborales, la exclusión social, la desintegración familiar y la ausencia de espacios de recreación y cultura para los jóvenes, son factores que a menudo son explotados por estas redes para reclutar a sus miembros y expandir su mercado.
Es fundamental que, de manera simultánea a las acciones policiales y judiciales, se implementen políticas públicas integrales que fortalezcan el tejido social, promuevan la educación y el empleo, y brinden alternativas a la población más vulnerable. La prevención del consumo de drogas, a través de programas educativos y de sensibilización, es tan importante como la represión del delito.
Este golpe a 'Los Búhos' es un llamado de atención. Nos recuerda que la seguridad es una responsabilidad compartida entre el Estado y la ciudadanía. La denuncia oportuna, la participación comunitaria y la exigencia de transparencia y eficacia a nuestras instituciones son herramientas poderosas para construir una sociedad más justa y segura. La recuperación de los espacios públicos, como el parque Galarza, no es solo un asunto de seguridad, sino de dignidad y convivencia.
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El mangostino cultivado en el municipio de Mariquita, en el norte del Tolima, obtuvo recientemente la Denominación de Origen, un reconocimiento que certifica su procedencia y características únicas, y que abre la puerta a su comercialización en mercados internacionales. El fruto, introducido en la región hace más de un siglo, hoy es base económica para decenas de productores locales.
Por: Editor Región, Tolima7dias.com.co
De acuerdo con líderes del sector agrícola, el mangostino llegó al territorio impulsado por influencia extranjera y fue adoptado por generaciones campesinas que consolidaron su cultivo como parte de la economía regional. Actualmente, su producción sostiene a múltiples familias y se posiciona como uno de los productos más representativos de la zona.
Hernán Cuartas, líder de la iniciativa Natturable Fruticolor, señaló que el reconocimiento responde a un proceso histórico de cultivo y apropiación local. “Es un fruto que ha pasado de generación en generación y que hoy representa no solo sustento, sino identidad para el territorio”, afirmó.
El mangostino de Mariquita se caracteriza por su alto contenido antioxidante y por condiciones específicas de suelo y clima que inciden directamente en su calidad. Estas particularidades fueron determinantes para la obtención de la Denominación de Origen, figura que protege su nombre y promueve su diferenciación en el mercado.
Con esta certificación, productores y asociaciones proyectan ampliar su alcance comercial hacia nuevos destinos internacionales, en un contexto donde los productos con trazabilidad y origen certificado ganan mayor demanda.
El reto, según voceros del sector, estará en fortalecer la cadena productiva y garantizar que el crecimiento de la demanda no afecte las condiciones que le dieron reconocimiento al fruto.
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