Las autoridades locales activaron un Puesto de Mando Unificado (PMU) en la estación de Bomberos de Melgar tras el desbordamiento de la quebrada La Melgara, que generó afectaciones en varios sectores del municipio. La medida busca coordinar las labores de atención y recuperación en barrios impactados por la emergencia, mientras continúan las lluvias en la zona.
Por: Editor Región, Tolima7dias.com.co
De acuerdo con información entregada por la Dirección de Ambiente y Gestión del Riesgo de Melgar, los barrios El Edén, La Alameda, La Colina, así como sectores de la carrera 29, la carrera Quinta y las instalaciones del colegio Gabriela Mistral, registraron acumulación de lodo, sedimentos y problemas de movilidad luego del desbordamiento.
Liuwer Alberto Ballesteros Santos, director administrativo de la Dirección de Ambiente y Gestión del Riesgo del municipio, señaló que se desplegaron tres frentes de trabajo para atender la situación. En estas labores participan unidades de la Fuerza Aérea, el Ejército Nacional, la Defensa Civil, la Cruz Roja, personal de la Secretaría de Infraestructura y operarios de la empresa de servicios públicos Pumelgar.
Las cuadrillas realizan trabajos de remoción de lodo, limpieza de sedimentos y habilitación de vías en las zonas más afectadas. Según las autoridades locales, estas acciones buscan restablecer las condiciones de movilidad y reducir los riesgos derivados de la acumulación de material arrastrado por la corriente.
La secretaria de Ambiente y Gestión del Riesgo del Tolima, Ericka Lozano, explicó que desde el momento en que se reportó el desbordamiento se mantiene coordinación con el municipio para evaluar los impactos y definir posibles apoyos adicionales.
“Desde el primer momento en que se reportó la emergencia por el desbordamiento de la quebrada La Melgara, hemos mantenido una articulación constante con el municipio. Nuestra prioridad es brindar el apoyo técnico y acompañamiento necesario a toda la población afectada. Estamos trabajando de la mano con los organismos de socorro y el Consejo Municipal de Gestión del Riesgo para activar el Sistema Departamental y Nacional en caso de ser necesario, una vez se surtan los protocolos normativos exigidos”, indicó Lozano.
Ballesteros agregó que las autoridades se encuentran consolidando un informe técnico sobre los daños ocasionados para remitirlo al Gobierno Departamental. “Si bien muchas de estas familias ya se encuentran caracterizadas en zonas de riesgo, nuestra prioridad es la recuperación del entorno y la mitigación de nuevos daños”, afirmó.
Debido a la persistencia de las lluvias y a la inestabilidad climática en la región, las autoridades mantienen vigilancia permanente sobre las fuentes hídricas del municipio. El monitoreo se realiza en coordinación con el grupo departamental de gestión del riesgo y con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), con el objetivo de detectar posibles aumentos en el nivel de la quebrada La Melgara y emitir alertas tempranas en caso de nuevas crecientes.
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Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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Hay decisiones institucionales que no son simplemente discutibles: son conceptualmente problemáticas. La reciente condecoración con la Orden al Mérito “Policarpa Salavarrieta” a Agatha Ruiz de la Prada, promovida desde la Asamblea del Tolima, es una de ellas. Esta elección no solo es un desatino desde la perspectiva histórica y simbólica, sino que también revela una preocupante desconexión con la identidad y los valores que deberíamos enarbolar en nuestra región.
No se trata de cuestionar la trayectoria artística de la diseñadora ni su impacto en la cultura global. Su trabajo, sin duda, tiene un mérito en su campo. El punto es otro, y es más de fondo: el uso del símbolo. Policarpa Salavarrieta, "La Pola", no representa genéricamente “empoderamiento femenino” ni “éxito internacional” en un sentido comercial o frívolo. Policarpa Salavarrieta, la heroína tolimense, encarna una ruptura histórica con el orden monárquico, una apuesta radical por la soberanía, la libertad y la dignidad. Su vida fue una acción política que, incluso desde un oficio como la costura, se convirtió en insurgencia. Su sacrificio, su valentía y su compromiso con la causa independentista la erigen como un faro de resistencia y un modelo de civismo y patriotismo para Colombia.
Por eso, cuando una asamblea departamental, que debería ser la voz y el sentir de nuestro Tolima, decide otorgar una distinción con ese nombre bajo criterios como la visibilidad global o el éxito creativo, lo que hace no es exaltar a Policarpa, sino diluirla. Se desplaza el sentido del reconocimiento desde un eje ético-político, profundamente arraigado en la historia de nuestra nación y de nuestra región, hacia uno meramente simbólico y decorativo, desprovisto de su esencia revolucionaria. Es un vaciamiento del significado que minimiza la magnitud de su legado.
Y ahí es donde surge la incoherencia: se invoca a una figura que encarna la ruptura con las lógicas aristocráticas y coloniales para premiar trayectorias que se desarrollan —legítimamente, insisto— dentro de circuitos culturales que no cuestionan esas mismas lógicas, sino que conviven con ellas. ¿Qué mensaje estamos enviando a las nuevas generaciones cuando trivializamos la memoria de quienes dieron su vida por nuestra libertad? ¿Estamos acaso sugiriendo que el mérito de una heroína como La Pola es equiparable al éxito en el ámbito de la moda global, por más meritorio que este sea en su propio contexto?
Más que un homenaje, esto parece un uso instrumental de la memoria histórica. Y cuando las instituciones trivializan sus propios símbolos, lo que está en juego no es un nombre en una medalla, sino la coherencia misma del lenguaje público y, aún más grave, la comprensión de nuestra propia historia y de la herencia que debemos preservar. Es un acto que, lejos de enaltecer, desdibuja la importancia de figuras locales y nacionales que son el verdadero cimiento de nuestra identidad. ¿Acaso no existen en el Tolima mujeres, líderes sociales, artistas, científicas, empresarias, deportistas o activistas que, con su trabajo y dedicación, encarnan los valores de lucha, resiliencia y empoderamiento que Policarpa Salavarrieta representó y sigue representando para nuestra tierra? ¿No hay talentos locales y regionales cuya trayectoria merece ser visibilizada y exaltada con un reconocimiento que lleve el nombre de nuestra heroína tolimense?
Como activista y defensor de derechos humanos, creo firmemente en la importancia de mantener viva la memoria histórica y de reconocer a quienes, desde sus trincheras, contribuyen al progreso social y a la defensa de la dignidad. La Asamblea del Tolima tiene la oportunidad y el deber de promover a nuestros talentos, de visibilizar a nuestras figuras, y de fortalecer el sentido de pertenencia y orgullo por lo nuestro. Un reconocimiento como la Orden “Policarpa Salavarrieta” debería ser un tributo a quienes, con su vida y obra, reflejan el espíritu de La Pola: valentía, compromiso con la libertad, y amor inquebrantable por nuestra tierra. Es hora de volver la mirada hacia adentro, hacia el Tolima, y honrar a quienes verdaderamente merecen llevar el estandarte de nuestra heroína.
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