La gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, presentó este fin de semana un paquete de inversiones, anuncios de infraestructura y compromisos adicionales durante el Tour de las Obras 2.0 en el municipio de Ataco, donde encabezó dos encuentros ciudadanos para exponer recursos destinados a vías, educación, gas domiciliario y proyectos agropecuarios.
Ataco, uno de los municipios más extensos del sur del Tolima y reconocido por su producción cafetera, fue el punto número 16 del recorrido denominado Tour de las Obras 2.0. Allí, la mandataria regional, junto con varios secretarios y funcionarios, expuso un balance de inversiones y adelantó nuevos compromisos ante habitantes del casco urbano y del centro poblado de Santiago Pérez.
Por: Editor Región. Tolima7dias.com.co
Comunicado a la Opinión Pública
Durante su intervención, Matiz reiteró que en el corredor vial Coyaima–Ataco–Planadas se han destinado recursos superiores a $130.000 millones, y anunció una adición presupuestal de más de $14.000 millones para rehabilitar nuevos tramos. Según afirmó, estos recursos se gestionaron durante dos años, “tras un lobby continuo cuando era representante a la Cámara”.
Otro anuncio estuvo dirigido al sector educativo. Matiz aseguró que la Administración departamental destinará $5.000 millones para mejorar la infraestructura de 23 instituciones educativas en Ataco. “El alcalde pidió distribuir los recursos entre las 23 escuelas del municipio y se aceptó la propuesta”, afirmó.
En materia de servicios públicos, se informó que se gasificarán los centros poblados de Polecito, Mesa de Pole y Las Señoritas, como parte de un proyecto que busca ampliar la cobertura en zonas rurales.
La mandataria también mencionó que Ataco forma parte de los municipios PDET beneficiados con recursos superiores a $152.000 millones para proyectos de reconstrucción de puentes e industrialización de la panela, entre otras iniciativas.
En educación y asistencia social, se detalló la inversión de más de $900 millones en transporte y alimentación escolar, así como la entrega de más de 6.000 kits nutricionales. Para el sector agrícola se anunciaron nuevas siembras, entrega de fertilizantes y la confirmación de la Feria Regional del Café en junio de 2026.
Durante la jornada se entregaron 1.250 gallinas ponedoras en Ataco y más de 700 en Santiago Pérez, dirigidas a asociaciones campesinas, especialmente de mujeres. La UMATA recibió dotaciones, entre ellas una motocicleta y equipos de georreferenciación, con el fin de fortalecer los procesos de asistencia técnica agropecuaria.
También se anunció la destinación de $1.257 millones para la compra de un vehículo compactador de residuos, así como $5.000 millones para la construcción de una placa huella en la zona de Pomarroso. Además, se confirmó la llegada de maquinaria para el mejoramiento de la red de vías veredales del municipio.
Las autoridades locales informaron que los próximos avances y cronogramas de ejecución serán socializados con la comunidad a medida que los proyectos entren en fase operativa.
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Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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Hay decisiones institucionales que no son simplemente discutibles: son conceptualmente problemáticas. La reciente condecoración con la Orden al Mérito “Policarpa Salavarrieta” a Agatha Ruiz de la Prada, promovida desde la Asamblea del Tolima, es una de ellas. Esta elección no solo es un desatino desde la perspectiva histórica y simbólica, sino que también revela una preocupante desconexión con la identidad y los valores que deberíamos enarbolar en nuestra región.
No se trata de cuestionar la trayectoria artística de la diseñadora ni su impacto en la cultura global. Su trabajo, sin duda, tiene un mérito en su campo. El punto es otro, y es más de fondo: el uso del símbolo. Policarpa Salavarrieta, "La Pola", no representa genéricamente “empoderamiento femenino” ni “éxito internacional” en un sentido comercial o frívolo. Policarpa Salavarrieta, la heroína tolimense, encarna una ruptura histórica con el orden monárquico, una apuesta radical por la soberanía, la libertad y la dignidad. Su vida fue una acción política que, incluso desde un oficio como la costura, se convirtió en insurgencia. Su sacrificio, su valentía y su compromiso con la causa independentista la erigen como un faro de resistencia y un modelo de civismo y patriotismo para Colombia.
Por eso, cuando una asamblea departamental, que debería ser la voz y el sentir de nuestro Tolima, decide otorgar una distinción con ese nombre bajo criterios como la visibilidad global o el éxito creativo, lo que hace no es exaltar a Policarpa, sino diluirla. Se desplaza el sentido del reconocimiento desde un eje ético-político, profundamente arraigado en la historia de nuestra nación y de nuestra región, hacia uno meramente simbólico y decorativo, desprovisto de su esencia revolucionaria. Es un vaciamiento del significado que minimiza la magnitud de su legado.
Y ahí es donde surge la incoherencia: se invoca a una figura que encarna la ruptura con las lógicas aristocráticas y coloniales para premiar trayectorias que se desarrollan —legítimamente, insisto— dentro de circuitos culturales que no cuestionan esas mismas lógicas, sino que conviven con ellas. ¿Qué mensaje estamos enviando a las nuevas generaciones cuando trivializamos la memoria de quienes dieron su vida por nuestra libertad? ¿Estamos acaso sugiriendo que el mérito de una heroína como La Pola es equiparable al éxito en el ámbito de la moda global, por más meritorio que este sea en su propio contexto?
Más que un homenaje, esto parece un uso instrumental de la memoria histórica. Y cuando las instituciones trivializan sus propios símbolos, lo que está en juego no es un nombre en una medalla, sino la coherencia misma del lenguaje público y, aún más grave, la comprensión de nuestra propia historia y de la herencia que debemos preservar. Es un acto que, lejos de enaltecer, desdibuja la importancia de figuras locales y nacionales que son el verdadero cimiento de nuestra identidad. ¿Acaso no existen en el Tolima mujeres, líderes sociales, artistas, científicas, empresarias, deportistas o activistas que, con su trabajo y dedicación, encarnan los valores de lucha, resiliencia y empoderamiento que Policarpa Salavarrieta representó y sigue representando para nuestra tierra? ¿No hay talentos locales y regionales cuya trayectoria merece ser visibilizada y exaltada con un reconocimiento que lleve el nombre de nuestra heroína tolimense?
Como activista y defensor de derechos humanos, creo firmemente en la importancia de mantener viva la memoria histórica y de reconocer a quienes, desde sus trincheras, contribuyen al progreso social y a la defensa de la dignidad. La Asamblea del Tolima tiene la oportunidad y el deber de promover a nuestros talentos, de visibilizar a nuestras figuras, y de fortalecer el sentido de pertenencia y orgullo por lo nuestro. Un reconocimiento como la Orden “Policarpa Salavarrieta” debería ser un tributo a quienes, con su vida y obra, reflejan el espíritu de La Pola: valentía, compromiso con la libertad, y amor inquebrantable por nuestra tierra. Es hora de volver la mirada hacia adentro, hacia el Tolima, y honrar a quienes verdaderamente merecen llevar el estandarte de nuestra heroína.
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