Cerca de 1.000 motociclistas han sido sancionados por no portar los elementos de seguridad. Un total de 989 motociclistas han sido sancionados por no portar los elementos de seguridad en las vías de Ibagué. Así lo reportó el secretario de Movilidad Municipal, Ricardo Rodríguez, quien señaló que estos elementos son de carácter obligatorio.
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Por: Editor Local y Resumen de Noticias. Tolima7dias.com.co
El funcionario señaló que este elemento de seguridad es fundamental para garantizar la visibilidad del conductor y su acompañante en condiciones de baja iluminación, lo que contribuye significativamente a la prevención de siniestros viales.
“El uso de la prenda reflectiva es obligatorio para los motociclistas”, reiteró, haciendo un llamado a la conciencia y responsabilidad de quienes se movilizan en este tipo de vehículos.
El incumplimiento de esta medida puede acarrear una sanción económica cercana a los $650.000. Cabe destacar que, tanto el conductor como el acompañante, deben portar correctamente la prenda reflectiva en el horario mencionado.
La Administración Municipal reafirma su compromiso con la seguridad vial y exhorta a todos los actores viales a acatar las normas para proteger la vida en las vías.
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Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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Hay momentos en la vida de un país que se incrustan en la memoria colectiva con la brutalidad de un puñal. El atentado terrorista en la vía Panamericana, en el municipio de Cajibío, Cauca, es uno de esos. Catorce vidas arrebatadas, treinta y ocho heridas, cinco de ellas menores de edad. Cifras que, por sí solas, son un grito desgarrador de dolor e impotencia. Pero este sábado 25 de abril, ese grito se hizo carne, se hizo emoción pura, en el rostro y la voz quebrada de un valiente: Fernando Rojas, corresponsal de Noticias Caracol.
Mientras Juan Roberto Vargas le daba paso en el noticiero de la noche, lo que Colombia presenció no fue solo un reporte periodístico. Fue la humanidad que se rompe, el alma que se desgarra ante la barbarie. La voz de Fernando se cortaba, las pausas se hicieron necesarias, y sus disculpas a la audiencia por ocultar su llanto fueron, irónicamente, el acto de honestidad y entereza más conmovedor. Fernando Rojas no solo informaba; sentía. Y en ese sentir, él se convirtió en el espejo de un país entero que llora por el Cauca. Su dolor fue el nuestro. Su impotencia, la de todos.
El Cauca, una Herida Abierta que Sangra Indiferencia
El Cauca es una herida abierta en el corazón de Colombia. Es un territorio rico en biodiversidad, en cultura, en gente trabajadora y resiliente, pero que ha sido históricamente golpeado por la violencia. Disidencias de las FARC, ELN, bandas criminales y otros actores armados se disputan el control territorial para sus economías ilegales, dejando a su paso muerte, desplazamiento y una estela de terror que parece no tener fin.
Este atentado, atribuido a las disidencias, es un acto de cobardía y barbarie que no distingue raza, color, profesión o edad. Niños, inocentes, víctimas de una guerra que no pidieron. Es la expresión más cruda de una lógica que ha perdido todo vestigio de humanidad, que instrumentaliza la violencia para imponer un poder ilegítimo, sembrando el miedo para cosechar control.
La Responsabilidad Colectiva de un País Indolente
El llanto de Fernando Rojas no solo fue por las víctimas del atentado; fue, quizás, por la frustración de un país que se acostumbró a contar muertos, a normalizar la violencia, a pasar la página demasiado rápido. Es el llanto por la impunidad, por la falta de una estrategia integral que proteja a los habitantes del Cauca, por la ausencia de un Estado que garantice la seguridad y el desarrollo de sus territorios más olvidados.
Como activista y defensor de derechos humanos, no puedo dejar de señalar la responsabilidad colectiva. ¿Hasta cuándo seremos espectadores pasivos de esta tragedia? ¿Hasta cuándo permitiremos que el terrorismo se enseñoree en nuestras vías, en nuestros pueblos, en nuestras familias?
Un Llamado a la Acción Inmediata, Contundente y Global
Desde esta tribuna, hago un llamado vehemente, que trascienda las fronteras de Colombia y resuene en el mundo:
1. Justicia Expedita y Sin Tregua: Las autoridades deben esclarecer este crimen de lesa humanidad con la mayor celeridad. Identificar, capturar y judicializar a los responsables materiales e intelectuales del atentado. La impunidad es el mejor aliado del terrorismo.
2. Protección Urgente para el Cauca: El Estado colombiano debe volcar su mirada y sus recursos de manera prioritaria al Cauca. No se trata solo de presencia militar, sino de inversión social, de oportunidades económicas, de una paz integral que desmantele las estructuras criminales y les arrebate el control territorial.
3. Solidaridad Internacional Activa: La comunidad internacional no puede ser indiferente. Se requiere un apoyo más decidido para Colombia en su lucha contra el narcotráfico y las organizaciones armadas, y una condena enérgica a estos actos terroristas que vulneran los derechos humanos.
4. No Más Normalización de la Violencia: Como sociedad, debemos negarnos a la normalización de la violencia. La vida de cada colombiano es sagrada. El dolor del Cauca debe ser el dolor de todos.
Fernando Rojas, con su emotivo reporte desde Popayán, no solo cumplió su labor periodística; nos recordó que detrás de cada cifra hay un ser humano, una familia, un sueño truncado. Su llanto fue un grito de alerta que nos obliga a mirar de frente la tragedia del Cauca. Hoy, más que nunca, decimos #FuerzaCauca y #FuerzaValle. Pero ese "fuerza" debe ir acompañado de acción, de justicia y de un compromiso inquebrantable para que la humanidad prevalezca sobre la bestialidad del terror. Que el llanto de Fernando sea la chispa que encienda la indignación y la voluntad de cambio en todo el país y el mundo.
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