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Migrar o no migrar, ese es el dilema

Por: José Ángel Londoño En este dilema viven cientos de familias tolimenses. Cabe meditar que hoy en día no hay familia en Colombia que no tenga a su conocimiento el

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Por: José Ángel Londoño

En este dilema viven cientos de familias tolimenses. Cabe meditar que hoy en día no hay familia en Colombia que no tenga a su conocimiento el tema migratorio colombiano. Sea ya porque directamente tiene un familiar residiendo en el exterior, o un amigo con el que aún tiene contacto y vive en Estados Unidos, España, Chile, Ecuador o Perú. 

En la década de los 70´s, 80´s y 90´s era común entre las familias ibaguereñas y del resto del departamento enviar a sus hijos a estudiar a la fría Bogotá. Algunos otros a Manizales, Medellín o la facultad de Medicina de Barranquilla, en la UniNorte. Hoy en día es más fácil enviarlos a estudiar a Argentina, ya que la educación es gratuita y más económica la vida, aunque la inflación está haciendo mella en cada familia de este país.   México es también un destino para cientos de colombianos técnicos y profesionales. 

Efectivamente migrar o no migrar es el dilema de muchos tolimenses. A Bogotá, a España antes de que finalice el año, a Estados Unidos de turista o por México.  En fin, existe una gran expectativa por salir del país, aun sin medir las consecuencias de migrar sin una red de apoyo, sin conocer previamente el contexto y la nueva sociedad de acogida o, al menos tener un proceso de análisis como precedente a un proceso migratorio. 

Por esto se vienen presentando muchas personas con ánimo de tener un retorno a Colombia. Y es que migrar no es fácil. Las situaciones de extrema soledad, la falta de apoyos en la consecución de un trabajo digno, además de la explotación a la que se pueden exponer un ciudadano sin documentación en regla es un riesgo con el que no se cuenta. 

Además, que muchas veces los familiares o amigos los motivan a llegar a cada país y cuando están en el aeropuerto esperando que los recojan, pues no les vuelven a contestar el teléfono, ni a recibir correos, es decir, quedan abandonados en una terminal aérea. 

De igual manera hay casos contrarios, donde las personas reciben un apoyo total, casi que incondicional y como decimos de manera coloquial, “vienen solo a cagarla”.  Se meten a vender droga, no colaboran con la casa, creen que darles techo, comida, teléfono, internet, transporte y apoyo se convierte en una obligación y no son capaces ni siquiera de lavar un baño, no digamos ya de salir a buscar un trabajo. 

Ejemplos hay muchos y he visto a personas que han sido víctimas de denuncias falsas en policía y juzgados por paisanos, entre tolimenses que han apoyado y sin tener en cuenta que les dieron techo, comida, les prestaron dinero, les dieron las facilidades y pagaron siendo desagradecidos, en un juzgado a base de físicas mentiras. 

Ambas situaciones son reales.  En el Departamento del Tolima y en Colombia se vive en una sociedad de extremos, y esto se ha normalizado.  Ya la migración colombiana exporta modelos de criminalidad como el gota a gota, el desempleo y la falta de oportunidades desde hace más de 30 años. 

La reflexión hoy, es para meditar si usted decide migrar, que lo pueda hacer teniendo una red de apoyo, el dinero para sostenerse durante 3 meses, la iniciativa de ir a mejorar su calidad de vida, sin tener que afectar la vida de otras personas. Migre, hágalo, pero no dañe a aquellos que una vez le dieron la mano. 

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