Ante la polémica que ha suscitado en algunos sectores políticos y deportivos la propuesta de que el estadio de Ibagué se llame de ahora en adelante Gabriel Camargo Salamanca, en honor al fallecido dueño del Deportes Tolima, el alcalde Andrés Fabián Hurtado parece haber encontrado una solución ‘salomónica’: con la que el escenario deportivo no perdería su actual denominación, la de Manuel Murillo Toro.
En el homenaje ofrecido por el club a la memoria del dirigente, que contó con la presencia de cerca de 3.000 personas en las tribunas, y de las personalidades locales, el cuestionado mandatario -chiflado por los asistentes- se animó a ofrecer una alternativa: llamativa para quienes quieren que esta estructura sea ‘rebautizada’ con el nombre del ‘mecenas’, pero también para los opositores de esta medida.
Según el burgomaestre, trasladará al Concejo Municipal la proposición para que el ‘Coloso de la 37’ tenga las dos denominaciones de manera oficial: Manuel Murillo Toro – Gabriel Camargo Salamanca. El primer nombre aplicaría para eventos que no tengan que ver con la presencia del ‘Vinotinto y Oro’ en sus competencias y, en consecuencia, el segundo solo para los partidos del equipo.
El ejemplo en el que el mandatario local basa su propuesta, se basa en lo que sucede con el escenario de Milán (Italia): que se llama Guiseppe Meazza – San Siro. El primer nombre solo aplica para los partidos que disputa en el escenario el Inter de Milán, en honor a uno de sus máximos ídolos en su historia; en tanto que el segundo solo en los cotejos del AC Milán, como tributo al patrono local.
Este es un decreto que vamos a presentar en extras al Concejo, para que se llame Manuel Murillo Toro – Gabriel Camargo Salamanca. No es quitar el nombre de uno, sino construir sobre lo construido, al igual que el estadio del Milán, que sea el Murillo Toro -que todos nos gusta- el segundo en el mundo con dos nombres. Tiene todos los méritos”, indicó el gobernante.
Como el jefe de la ciudad lo expresó a los medios, esta iniciativa deberá ser discutida en sesiones extras del cabildo local, en el que se espera surta trámite sin inconvenientes. Con el deceso del exsenador y empresario, podría agilizarse este asunto, que ha dado para todo tipo de debates en los medios de comunicación, pues el actual nombre corresponde al de un presidente de la República.
De inmediato, la proposición del alcalde generó opiniones encontradas en las redes sociales, en su gran mayoría de desaprobación, pues hay quienes creen que lo más sensato es que sea conocido solo de una forma, para que no pierda su identidad. No obstante, la inesperada resistencia que ha generado la posibilidad de que se llame como el directivo boyacense llevó al político a proponer esta solución.
Camargo, quien murió a sus 80 años producto de un cáncer de tiroides, dejó como gran legado para la afición ‘Pijao’ cinco títulos en el fútbol profesional colombiano, entre ellos tres ligas (2003-2, 2018-1 y 2021-1), una Copa Colombia (2014) y una Superliga (2022); además del ascenso a Primera División en 1994. Su última visita fue la del 23 de febrero, cuando la ‘tribu’ obtuvo su último título en el FPC.
Fuente- Rincón Vino tinto
¡TENDRÍA DOS NOMBRES! 😱
El alcalde de 🇱🇹 Ibagué, Andrés H., le propondrá al Concejo que la casa de DEPORTES TOLIMA lleve dos nombres: 🏟️ Manuel Murillo Toro - Gabriel Camargo Salamanca. Así como pasa con Inter y AC Milan, con el Guiseppe Meazza - San Siro.
📹 @FUTBOLENVINILO pic.twitter.com/R98G8rSzPN
— El Rincón del Vinotinto (@rinconvinotinto) November 28, 2022
Por Michael Steven Mejía Ospina
Activista, Panelista, Defensor de Derechos Humanos, Miembro de Amnistía Internacional, Abogado Empírico, Estudiante de Ciencias Políticas, Homologando Derecho en la Universidad Americana. Columnista invitado tolima7dias.com.co
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Una noticia desgarra el tejido social de Ibagué y enciende todas las alarmas en el país: un joven ibaguereño de tan solo 28 años ha perdido la vida en el conflicto entre Rusia y Ucrania, víctima de un engaño brutal. Su historia no es la de un voluntario militar, sino la de una persona atraída por falsas promesas de trabajo en el extranjero, que terminó siendo forzada a la guerra, en lo que las autoridades ya confirman como un desgarrador caso de trata de personas.
La revelación, confirmada por la Secretaría del Interior del Tolima, destapa una cruel red que opera en Colombia, atrayendo a jóvenes con vulnerabilidades económicas hacia un destino fatal. Como ha señalado Ricardo Suárez, secretario del Interior, el joven fue "llevado con falsas expectativas de trabajo y terminó siendo utilizado en el conflicto armado sin ningún tipo de experiencia militar. Prácticamente fue usado como señuelo en combate". Esta descripción cruda pinta un panorama de explotación y deshumanización.
El modus operandi, denunciado por el funcionario, es aterradoramente claro: engaño con ofertas laborales inexistentes, traslado al extranjero, despojo de documentos y coacción para firmar contratos que los vinculan a operaciones bélicas. El joven de Ibagué, que viajó en noviembre, estuvo desaparecido por más de cuatro meses, una cruel antesala a la confirmación de su muerte. Su caso se suma a las advertencias que desde diciembre ya se venían emitiendo sobre estas prácticas, detectadas también en otros países de América Latina.
Este caso no es solo una tragedia individual; es un llamado urgente a la conciencia nacional sobre la persistencia y la evolución de la trata de personas. Este delito transnacional, que la Ley 985 de 2005 en Colombia define y sanciona, implica la captación, transporte, traslado, acogida o recepción de personas, recurriendo a la amenaza, el uso de la fuerza, el engaño o el abuso de poder, con fines de explotación. La explotación en este contexto, según el relato, se materializa en la utilización de individuos como carne de cañón en un conflicto ajeno, configurando una de las modalidades más extremas de este flagelo. El Código Penal colombiano (Ley 599 de 2000), en su Artículo 188A, sanciona específicamente la trata de personas con penas privativas de la libertad, las cuales aumentan si la víctima es menor de edad, si se somete a trabajos forzados o si se explota en conflictos armados.
Las autoridades, con la Gobernación del Tolima gestionando la repatriación del cuerpo ante la Cancillería, insisten en la imperiosa necesidad de desconfiar de ofertas laborales internacionales que carezcan de la verificación oficial. La urgencia radica en la protección de nuestros jóvenes, quienes, en su legítima búsqueda de oportunidades, no deben convertirse en presas de redes criminales que los arrojan a la guerra y la muerte.
La sociedad colombiana tiene el deber de reaccionar con contundencia. Este trágico desenlace exige no solo la investigación exhaustiva para desmantelar estas redes de trata y llevar a sus responsables ante la justicia, sino también la implementación de campañas preventivas robustas y accesibles. Es imperativo que cada ciudadano conozca los riesgos y los mecanismos para verificar ofertas, protegiendo así la vida y la dignidad de quienes, en su vulnerabilidad, son el blanco de estos crímenes de lesa humanidad. La Corte Constitucional, en su rol de garante de los derechos fundamentales, ha reiterado la obligación del Estado de proteger a los ciudadanos de este tipo de vulneraciones, tal como se desprende de la protección integral al derecho a la vida y a la integridad personal. El Decreto 1066 de 2015, que compila el sector de la Presidencia de la República, incluye lineamientos para la política pública en materia de trata de personas, exigiendo acciones coordinadas interinstitucionalmente para la prevención, protección y atención de víctimas. Que la memoria de este joven ibaguereño sea un impulso inquebrantable para proteger a todos aquellos que podrían convertirse en la próxima víctima.
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